El 13 de febrero se celebró un nuevo Día Mundial del Preservativo. Pero en Argentina no hay mucho para festejar. Es que en los últimos años se registra una caída en la distribución de este método de prevención acorde con los recortes presupuestarios. Y, hay que decirlo, en un contexto global donde su uso también está en retroceso.
Esta situación tiene consecuencias: en parte, por la disminución en el uso del método de barrera más eficaz, los contagios de enfermedades de transmisión sexual (ETS) aumentan. Por ejemplo, la sífilis que –lejos de ser una enfermedad del pasado– creció durante 2025 en un 71%, medida en cantidad de casos con respecto al lustro anterior, según los datos recientes publicados por el Boletín Epidemiológico Nacional.
Para la ginecóloga y sexóloga Silvina Valente, directora del Programa de Salud Sexual y Sexología Hospital de Clínicas de la UBA, “el problema no es la falta de información básica, sino la resistencia cultural a incorporar el preservativo como hábito sostenido”.
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Por su parte, la psicóloga y sexóloga Analía Urretavizcaya agrega que muchas ETS son altamente transmisibles incluso con una sola exposición. “Vagina, pene, ano y boca tienen mucosas muy permeables. Además, durante el acto pueden producirse pequeñas fisuras imperceptibles que facilitan el ingreso de virus y bacterias”, explica.
Una de las razones de esta caída es que la percepción de riesgo se diluye en los vínculos considerados “estables”. Y el preservativo todavía se asocia simbólicamente con desconfianza o infidelidad. A ello se le suman mitos, como la pérdida de placer o dificultades en la erección.
Sin embargo, los especialistas insisten en que esos argumentos carecen de sustento clínico: “Con un preservativo bien elegido y usado, el orgasmo se alcanza sin cambios relevantes”, señalan desde el programa.
María Laura Martínez, ginecóloga de DIM Centros de Salud, sostiene: “Hoy contamos con una gran variedad de métodos anticonceptivos eficaces, pero no reemplazan las funciones del preservativo”, detalló. Y agregó: “Los métodos hormonales, el DIU o la ligadura previenen embarazos, pero no protegen de las infecciones. Por eso, desde la ginecología insistimos en el concepto de doble protección: método anticonceptivo más preservativo”.
Martínez también llamó la atención sobre otra opción poco difundida: el condón femenino: una herramienta que amplía derechos. Dentro del universo de métodos de barrera, el “femenino” o “condón interno” suma ventajas. Se trata de una funda de nitrilo o poliuretano que se coloca dentro de la vagina antes de tener relaciones.
“Protege contra las ETS y también previene el embarazo no deseado. Además, le da autonomía a la mujer, ya que no depende de la decisión masculina”, destaca la experta. Y recordó que “puede colocarse horas antes del encuentro, es hipoalergénico, no interfiere con hormonas ni con la lactancia y brinda mayor protección frente a infecciones de contacto porque cubre parte de la vulva”.
Estos enfoques preventivos –sea el condón del género que fuere– resultan especialmente importantes en relaciones no monógamas, con parejas nuevas o cuando se desconoce el estado serológico de la otra persona. En esos escenarios, el uso del preservativo no es una desconfianza: es una decisión de cuidado.
Contexto global. Esta situación se da en un contexto internacional adverso. Según el Global AIDS Update 2025 de Onusida, la compra internacional de preservativos cayó cerca de un 30% entre 2016 y 2022 en comparación con el período 2010-2016. Además, las iniciativas de promoción se redujeron casi un 50% desde 2010.
En Argentina, seguramente por razones diferentes, la distribución oficial también se retrajo. De acuerdo con datos citados por Chequeado, en 2024 la entrega de preservativos cayó un 64%, y en 2025 los adquiridos por el Ministerio de Salud no fueron asignados a tiempo para su distribución gratuita.
Los datos de los centros comunitarios de salud sexual que mantiene la ONG especializada AHF Argentina muestran que la disminución del uso atraviesa todas las edades, aunque la población joven concentra el mayor índice de caída: el 17%, entre adolescentes de 14 a 19 años; un 18%, entre 20 y 24; y un 19%, entre 25 y 29.
Por su parte, Gerardo Laube, médico del Hospital Muñiz y titular de infectología en la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló, es categórico: “Hoy en día, las relaciones sin ningún tipo de protección influyen negativamente en el control, no solamente de la sífilis, sino también en la prevención de otras enfermedades de transmisión sexual. Y sabemos que el uso del preservativo es la medida más eficaz y fácil de implementar”.
La expansión de la PrEP –efectiva para prevenir el VIH– generó, según especialistas, una “falsa sensación de seguridad” que debilitó el uso de métodos de barrera que sirven para el VIH, pero también para prevenir otras infecciones.
Volviendo al VIH, en países de América Latina las nuevas infecciones por este virus aumentaron un 13% entre 2010 y 2024. Según la doctora Patricia Campos, directora del Buró de AHF para la región, el problema es estructural: “Si queremos frenar las nuevas infecciones por VIH y otras ETS, los gobiernos deben tratar los preservativos como una responsabilidad pública y no como un lujo personal”.
Sífilis: el regreso de una patología superada
E.G.
La sífilis creció un 71% en Argentina durante 2025 y volvió a instalarse como problema de salud pública. Causada por la bacteria Treponema pallidum, es conocida como “la gran simuladora”, según el infectólogo Laube, porque “puede presentar síntomas leves o incluso pasar inadvertida”.
La infección suele comenzar con una úlcera indolora que desaparece espontáneamente. “Esa falsa mejoría lleva a muchas personas a creer que se curaron, cuando en realidad continúan transmitiendo la bacteria. La falta de síntomas visibles facilita su circulación sostenida, especialmente cuando no se utilizan métodos de barrera”.
Aunque hoy es curable y el tratamiento por medio de un antibiótico es sencillo, el diagnóstico tardío puede provocar complicaciones neurológicas y cardíacas graves. Además, en personas embarazadas, el testeo es clave para prevenir la transmisión al recién nacido. Los especialistas insisten en tres medidas centrales: uso de preservativo en todas las prácticas sexuales (oral, vaginal y anal), testeo al menos una vez al año en personas sexualmente activas y tratamiento simultáneo de la pareja para evitar reinfecciones.
La advertencia es clara: la sífilis no es una enfermedad del pasado. Su avance está directamente vinculado a la caída en el uso del preservativo y a una gran subestimación del riesgo.
