La gastronomía en Comodoro Rivadavia no logra recuperarse y atraviesa un escenario de fuerte retracción del consumo, con locales que trabajan por debajo de los niveles históricos y un número importante de comercios que debieron cerrar durante el último año.
Así lo expresó Juan Manuel Fernández, referente local de FEHGRA, la Federación Empresaria Hotelera y Gastronómica de la República Argentina, quien advirtió que la actividad se encuentra atravesando una etapa de profunda transformación, con márgenes cada vez más ajustados y una dinámica de ventas completamente diferente a la que se registraba en años anteriores.
“Nosotros arrancamos este año exactamente igual que diciembre. Veníamos de un 2025 bastante trabado. En noviembre hubo una baja en ventas importante que se vio no solamente en los comercios gastronómicos, sino también en el comercio en general”, explicó Fernández.
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Según detalló, las expectativas que el sector tenía puestas en el cierre del año pasado tampoco se cumplieron. “En diciembre esperábamos trabajar como se trabajaba otros diciembres, pero en realidad fue un mes normal, al nivel de octubre. No se vendió como históricamente se vendía”, remarcó.
El comportamiento del verano tampoco logró revertir la situación. En una ciudad que, a diferencia de los destinos turísticos, suele sentir con fuerza la salida de vecinos hacia otras localidades, enero volvió a mostrar un nivel bajo de movimiento.
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“En Comodoro, enero generalmente es un mes flojo porque mucha gente se va de viaje o aprovecha los días lindos para irse a la playa. Salvo los locales de la costa, como Rada Tilly, que están en plena temporada y trabajan muy bien, el resto de los comercios gastronómicos trabaja poco, sobre todo a la noche”, indicó.
En ese contexto, Fernández precisó que durante enero las ventas se mantuvieron en niveles similares a los de diciembre, un mes que ya había sido inferior a lo esperado. Y agregó que febrero comenzó incluso con un panorama más complejo.
“Los primeros días de febrero estuvieron muy tranquilos. Se notó una cierta baja en el consumo, sobre todo en ciudades que no son costeras”, sostuvo. A pesar de este escenario, el sector apuesta a fechas puntuales para intentar generar un leve repunte. “Ahora nos estamos preparando para la semana de los enamorados. Los socios están decorando los locales, armando vidrieras, promociones y ofertas, no solo para parejas, sino también para familias. Tenemos expectativas de que esa semana pueda levantar un poco las ventas”, señaló.
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En cuanto al nivel de reservas, Fernández confirmó que se registra una merma respecto de otros años. “Hay menos reservas, pero las hay. La gente consulta, se interesa en salir, pero es muy consciente a la hora de contratar. Se fija muchísimo en el costo y también en la calidad”, explicó.
En ese sentido, remarcó que el perfil del cliente cambió de manera notoria. “Hoy tenemos clientes más exigentes. Te piden un buen producto, un buen servicio y un buen precio. Eso nos empuja a los gastronómicos a levantar la calidad, a innovar y a incorporar tecnología, en un momento donde todavía estamos tratando de adaptarnos a este nuevo contexto económico”, describió.
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Fernández subrayó que la situación que atraviesa Comodoro no es un caso aislado. “Esto no pasa solo acá. Es una realidad que se repite en todo el país. No volvimos a los niveles de venta de años anteriores y tenemos que ajustarnos a esta realidad”, afirmó.
La incertidumbre es, hoy, una de las principales dificultades para planificar. “Cuando uno quiere proyectar el año y mira los números de los últimos tres años, no sirven para hacer ningún tipo de estudio de mercado. Enero de 2026 no tiene nada que ver con enero de 2025 ni con enero de 2024. No hay forma de comparar”, sostuvo.
“El panorama es totalmente insólito. Recién ahora tenemos que empezar a reconstruir toda la información en base a cómo se va a trabajar de ahora en más”, agregó.
Consultado sobre lo que viene para el resto del año, el referente de FEHGRA fue contundente: “La verdad es que no sabemos qué va a pasar. No tenemos una proyección clara. Todo es muy variable”.
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En ese marco, explicó que los comercios que lograron mantenerse abiertos lo hicieron a fuerza de ajustes y reestructuraciones. “La mayoría de los proyectos que siguen vigentes se están adaptando. Están bajando gastos. Hoy tenemos una ecuación totalmente diferente a la que teníamos en 2024 o en 2019”, señaló.
Uno de los cambios más visibles se da en el comportamiento del público. “Antes, del primero al diez del mes explotaba. La gente cobraba, salía a comer y después la venta bajaba un poco en la segunda quincena. Hoy pasa al revés: los primeros diez días del mes son hipertranquilos”, explicó.
“Ahora la gente sale poco y, cuando sale, cuida muchísimo el importe del ticket. Se fija cuánto gasta por persona. Se eligen muchas cosas para compartir y siempre mirando el gasto final”, describió.
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Este nuevo escenario también obligó a modificar la oferta gastronómica. “Se adaptaron las cartas. Hay algunos platos principales más elevados, pero después el resto de la carta es mucho más accesible, para que la gente pueda sentarse en un restaurante, en una cervecería, en un bar o en una pastelería y consumir algo que esté al alcance del bolsillo”, explicó.
Frente a la caída del consumo, muchos locales comenzaron a buscar alternativas para atraer público. “Se están haciendo degustaciones de vino, eventos, noches temáticas, propuestas con música. Hay una mayor oferta de actividades en los negocios que siguen abiertos”, detalló. Sin embargo, Fernández reconoció que el impacto de la crisis ya dejó consecuencias concretas en la ciudad. “Han cerrado muchos, son bastantes los negocios que tuvieron que cerrar”, aseguró.
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Si bien aclaró que no cuentan con un número exacto, explicó que el movimiento permanente de aperturas y traspasos dificulta el registro. “Muchos locales se cierran, otros son traspasados y en el mismo lugar abre otro negocio. En el sistema siguen figurando activos durante meses, aunque uno pase por el frente y los vea cerrados”, explicó.
“Sí sabemos que son bastantes. Y quien abre hoy un comercio en esta realidad tiene que tener una espalda muy grande para soportar el bajo consumo”, afirmó. En ese sentido, el referente gastronómico consideró que la ciudad seguirá reinventándose. “Comodoro se va a seguir adaptando. Van a seguir apareciendo propuestas nuevas, pero el contexto es muy desafiante”, indicó.
Uno de los factores que más golpea a la actividad es la caída del empleo y la retracción de la industria petrolera, principal motor económico de la región.
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“Se nota muchísimo la baja del consumo vinculada a la situación del petróleo. Las familias que trabajaban en la industria tenían un nivel adquisitivo que les permitía salir a comer tres o cuatro veces por semana. Ese tipo de consumo hoy no existe”, explicó.
“Hoy, salvo el menú diario, que es muy económico, salir a cenar —sentarse, pedir una entrada, un plato principal, un postre y una bebida— se transformó en un ritual cada vez más espaciado. Antes era dos o tres veces por semana. Después pasó a una vez por semana. Y ahora es una vez cada diez o quince días”, describió.
Fernández remarcó que, aunque se trata de una tendencia nacional, en Comodoro el impacto es más fuerte. “Esto pasa en todo el país, pero acá se siente mucho más, porque se acumuló el cambio de política económica, el aumento de los servicios y la baja de consumo producto de la caída de nuestra principal industria”, sostuvo.
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A todo esto se suma el peso de los costos fijos. “Hoy estamos todos muy sujetos a las facturas de servicios, a los impuestos municipales, nacionales, a ingresos brutos. Estamos tratando de aprender a surfear esta nueva realidad”, graficó.
Con un escenario todavía incierto, Fernández cerró con una mirada cauta pero realista. “Todos esperamos poder mantenernos durante este año. Y, si la venta mejora, muchísimo mejor. Pero hoy la verdad es que estamos aprendiendo a trabajar en un contexto completamente nuevo”.
